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lunes, 1 de enero de 2018


Ansiamos libertad, sentir el viento en la cara,
refugiarnos y crear ideas,
encontrarnos y visitar el mundo del otro,
con la delicadeza con que se toma una flor y se huele despacio,......

lunes, 28 de diciembre de 2015

La mente emocional es más rápida

Me reconozco y os sé en nuestra naturaleza emocional,
más cuando el miedo me percata,
en un aviso como un susurro al oído,
si el amor se me aparece o el enemigo se delata,
En medio de sutiles ambigüedades en el moderno baile de máscaras,
el enemigo vuelve a ser amigo y la música cambia...
El individuo deja su trance cual brujo o chamán,
tan emocional e intuitivo por un instante,
más luego discurre por minutos o segundos,
(Esto hace que su mirada cambie)

Su mirada se eleva y se proyecta hacia afuera,
descorrida la cortina de humo y enfrentado el temor,
la amenaza a través del miedo que gargantas cortó,
superado esto en un ascenso de crecimiento y vértigo,
brota sin trucos solemne y lúcida la voz,
Como si el consciente regresara,
prevalece su mente pienso ergo sum

El juicio más personal está sobre la mesa,
(se descubre en un siguiente acto),
Así resueltos caminamos hasta situarnos,
esta vez más certeros a nuestro lugar mientras acorde tras acorde la música cambia.

Espero en mi puesto sin esperarte,
inmersa en el baile sin cansarme,
yo a lo mio y tu a lo tuyo sin cazarte,
sin olvidar que aún te deseo y que me deseaste,
que no es casualidad que en este salón tu mirada me resultó penetrante,
quiero decir, que me atravesaste.

viernes, 25 de abril de 2014

Hoy, aquí y ahora

Hoy, cuando ayer me creía dolorosamente consciente,
hoy, descubro aún más y admito mi eterna ignorancia,
pues nunca será posible abarcar el Todo por ser gigante,
sea el todo el mismo universo infinito en movimiento constante,
sea metáfora de nuestro entorno más tangible, cambiante,

Así cambie cómo usamos la energía del espíritu que mueve al cuerpo,
sea algo como en tanto que sistema abierto unas veces fluya afuera,
pero sin olvidarnos de vertir hacia dentro, como tazas que se llenan,
en frecuente interacción con lo que nos rodea, se me vacía de lo demás,
viendo así lo que del individuo queda para crecer de dentro y vertir afuera.


sábado, 14 de enero de 2012

Punto de inflexión

Perdida en el mundo de las emociones y los pensamientos, que desencadenan en sentimientos de amor y de odio casi por igual. Algunos hacen daño y provocan un estado como de enajenación mental que nubla a la razón. Los vertimos al mundo para que las personas los vean y eso requiere valor, sin duda. Pero incluye diversos riesgos como ser rechazado, que no sean valorados tanto como quisiéramos o que, incluso, no lleguen a ser percibidos (aún cuando creíamos que sí lo eran).

Los daños pueden ser percibidos con tal intensidad que podrían ser comparables a una verdadera puñalada, incluso directa al "corazón". Ocurre que cuando me quito la máscara, me vuelvo más frágil hacia el mundo que me rodea, como si ésta fuera un auténtico escudo.

En realidad, el auténtico daño me lo hago yo misma porque es proporcional a la intensidad con la que vivo yo mis emociones. Y, obviamente, no necesariamente los demás implicados tienen que tener emociones equiparables a las mías; ni mucho menos una gran empatía, por dicho motivo.

Vivir también es exponerse a ciertos peligros. Porque la bondad absoluta no existe. Porque todos somos egoístas y unos más que otros. Porque no somos todos igual de sensibles ni de empáticos. Por todo eso es frecuente que nos hiramos entre nosotros.

¿Vaya tontería no? De ahí vienen tantos nervios y quebraderos de cabeza, de complicarnos la vida los unos a los otros ó, simplemente, de no tenernos en cuenta. Qué fácil es infravalorar cómo se siente el otro si eso no tiene nada que ver con nuestros propios fines. Egoísmo. El puro egoísmo que mueve al mundo.

Será que en parte es como decía Hobbes y resulta que, en su estado de naturaleza, "el hombre es un lobo para el hombre" y, en consecuencia, el Estado es "un hacinamiento de poder resultante del egoísmo colectivo".

Pero, tras la tempestad llega la calma y, con ella, la reflexión. Así que, bien, corrí un riesgo porque sentía que debía hacerlo. De alguna manera me sentí rechazada e incomprendida a un tiempo. A veces, es como si la gente pudiera rechazar a otros sin decirlo explícitamente ó haciéndolo sin darse la más mínima cuenta.

Claro, yo les entiendo. Pero el amor me vuelve tan irracional a veces... Y, a su vez, como dijo Punset en su día, amor y miedo son proporcionales. Son dos sentimientos que pueden ser tremendamente intensos, pudiendo eclipsar uno al otro.

Y luego está esa lucha entre "el querer ser amado por quien yo amo" y el infinito "miedo a ser rechazado". Ambos se traen un baile de cuidado. Es un gran caos. Pero al final siempre llega una resolución (aunque no sea muy permanente) y entonces te relajas. También te sientes estúpido por esos momentos locos que vivistes quizá tú solo, sin ser correspondido y la posible incomodidad ante esa persona que posiblemente no sintiera lo mismo que tú (¿o sí?). Pero ya da igual.Creo que el momento pasó, si es que alguna vez existió.

domingo, 4 de diciembre de 2011

La búsqueda de la perfección: el autorrechazo

No hay nada más absurdo que creer que las ideas absolutas, los ideales utópicos, son más que eso. Tan absurdo como pensar que sean más que un modelo o una tendencia para modelar la realidad tangible.

De hecho algunas de las alteraciones de la salud psicológicas más frecuentes de nuestros tiempos devienen de la falta de autoestima (autorrechazo) y/o de una búsqueda obsesiva por alcanzar una supuesta perfección, que se suele acompañar con una percepción distorsionada de la realidad.

Cierto es que las alteraciones de salud mentales de nuestros tiempos están muy relacionadas (en los casos que no tienen una base orgánica) con los estilos de vida propios de la época. Sufren el Burn-out (estar quemados) quienes tienen trabajos muy duros o trabajan muy duramente, ansiedad por un estrés demasiado mantenido en el tiempo ó por presiones externas que de tanto machacar acaban llegando hondo dentro de tí, anorexia coadyuvada por una idea globalizada (más que global) de que lo bueno es estar super flacos...etc. Un largo etcétera. Es horrible lo alienante de nuestra sociedad actual.

Incluso ahora la ansiedad y la depresión se llegan a considerar "normales" debido a la frecuencia con la que se dan en nuestros tiempos en los países desarrollados. Así, dependiendo del grado de sufrimiento y de su duración, las alteraciones mentales se diagnostican o no (se consideran procesos patológicos o no). Se me ocurren muchos ejemplos: un duelo es patológico si dura demasiado (si dura un año o más, se podría decir que se requiere ayuda profesional; hay quien dice que es así desde que dura más de seis meses), la tristeza si se cronifica en el tiempo pasa a llamarse depresión...

Para que se hagan una idea ustedes, según un estudio reciente se podría decir que "lo menos frecuente es estar totalmente bien" ya que dice que "lo raro es escontrar a alguien que no presente alguna manifestación clínica de enfermedad psiquiátrica". Claro que no hay que llevarse las manos a la cabeza tanto porque para que se pueda diagnosticar alguna enfermedad de estas es necesario reunir una serie de manifestaciones clínicas, que deben ser las suficientes para que ésto se haga.

Como cada enfermedad tiene sus factores de riesgo normalmente, para las alteraciones del ámbito psicológico, yo destacaría los factores externos como la sociedad y el ambiente en general (por ejemplo un hogar familiar lleno de exigencias y falto de refuerzos positivos y/o familias desestructuradas).

Bueno, dicho todo esto y volviendo a la idea original de hablar sobre el bajo autoestima o autoconcepto. Pienso que aún habiendo tenido mala suerte y haber sido fruto de una familia desestructurada y una serie de condicionantes que puedan haber hecho mella en este sentido; creo que debemos aprovechar la capacidad de buscar dentro de nosotros mismos, si podemos, para descubrir quienes somos realmente. Sería positivo ir sacando a relucir lo bueno que tengamos a cada paso, superándonos a nosotros mismos, demostrándolo y dejando que nos demuestren cuánto nos valoran los demás. Siempre hacia delante. En psicología hay alguna que otra teoría que yo he leído, que dice que el autoestima se gana haciendo eso que te daba miedo (porque a lo mejor en un momento de tu vida no pudiste o no supiste hacerlo), enfrentándote a ello y demostrándote a tí mismo que SÍ puedes hacerlo. Y así iríamos, escalón por escalón. Ganando confianza a medida que vamos superando retos personales, a medida que seguimos viviendo.